lunes, 2 de agosto de 2010

Segundo Extracto de No Mercy (Dark Hunter)

Tras enviar mensajes de texto a los otros Dark Hunters de Nueva Orleans acerca de lo que estaba sucediendo, Sam se pasó las siguientes ocho horas patrullando mientras se mantenía en contacto de manera intermitente con Chi. Ninguno de los dos había encontrado nada inusual. Ni un solo Daimon parecía estar fuera esta noche. Los únicos predadores en las calles eran los humanos y mientras que Sam cazaba a todo aquel que encontrara por allí, ellos no constituían la mayor amenaza en el mundo.
Sólo pensaban que lo eran.
Cómo le hubiese gustado alimentarse de alguna de las cosas a las que había asesinado a lo largo de los siglos. Dejarles ver qué tan agresiva parecía realmente. No tenían ni idea cuan insignificante y débiles eran verdaderamente. Una dosis de realidad podría servirles muy bien.
Su teléfono vibró. Al mirar hacia abajo vio que era Chi. Lo volteó para abrirlo y respondió.
Chi exhaló un largo suspiro. 
—Ruina silenciosa. Estoy dirigiéndome de regreso a casa para descansar los pies y comer algo. Te alcanzo luego.
—Está bien —dijo Sam por teléfono mientras observaba la diabólica luna. Un escalofrío recorrió su espina—. Nos vemos mañana por la noche. Dulces sueños y no permitas que los Daimons te muerdan.
Colgó el teléfono y comprobó la hora.
3 AM. Casi tres horas para que amaneciera. Por un lado Chi estaba en lo correcto y ellos estaban perdiendo el tiempo en la calle. Por el otro…
Sam, simplemente, no podía dejarlo.
Algo había allí y quería sujetarlo por la garganta y golpearlo contra el suelo. La única pista que podía conseguir era la que había provenido de Dev.
Decidida a preguntarle al oso otra vez, Sam se dirigió al Santuario.
No le tomó mucho tiempo localizar el edificio de ladrillos rojos donde el cartel de El Santuario – una oscura colina exhibida como una sombra por una luna llena, y una motocicleta aparcada sobre ella- pendía sobre las puertas. Un par de humanos borrachos se tambaleaban fuera y se metían dentro de un taxi mientras se reían y bromeaban entre sí.
Sam se detuvo en las sombras para ver a Dev descansando contra la pared, ignorándoles. Tenía una chaqueta sobre sus brazos, que estaban cruzados sobre el pecho. Un observador casual podría pensar que estaba echándose un sueñecito en el trabajo. Pero Sam reconoció que sus ojos estaban parcialmente cerrados. Todavía abiertos. Todavía alertas. Él era consciente de todo lo que sucedía alrededor y mientras que parecía estar en reposo, estaba tenso y listo para entrar en acción en un solo latido de corazón.
Impresionante. El guerrero en ella podía apreciar cuan duro era parecer relajado mientras se mantenían todo los sentidos afilados. Pero no era sólo eso lo que la impresionaba. Había un innegable aura de poder alrededor de él. Una que le decía a todos los que entraran en contacto que era letal cuando se cruzaba. A pesar de su costado humorístico, Dev era un predador hasta el fondo de su alma.
Y uno sucio, en lo que a eso se refiere. Era el tipo que podía asesinar y no sentir ningún remordimiento.
Un músculo flexionado en su mandíbula esculpida le hacía preguntarse si estaba escondiendo un bostezo. Más que eso, la visión de ese músculo en funcionamiento envió un escalofrío de calor a través de ella. No sabía por qué era tan irresistible, pero algo en ella deseaba acercársele y frotarse contra ese cuerpo largo y duro.
Sí sólo pudiera.
Había habido veces en el pasado en los que la soledad la había tocado. Veces en las que había pesado más que su sentido común y había cedido a esa necesidad de compañerismo… ¿A quién trataba de engañar? Del Compañerismo ella podría prescindir, era sexo animal lo que deseaba.
Eso era lo que extrañaba realmente.
Pero cada vez había sido un error brutal. Estar tan cerca de otra persona la agobiaba con sus emociones, inseguridades y memorias. Ella vio cosas de ello que no quería ver. Viejas novias y viudas, bajas autoestimas, egos narcisistas, fantasías enfermas…
El sexo nunca funciona cuando puedes ver y escuchar los pensamientos de alguien directamente.
Aún peor, a ella no le gustaba mentir para echarse un polvo o tener que esconder sus colmillos y otros hábitos nocturnos. Esa era la verdadera razón por la cual había dormido con Ethon. Él sabía quién y qué era y, en verdad, había sido lindo ser abierta y honesta con un amante.
Si su ego no hubiese ocupado la mitad del cuarto…
Sin mencionar las otras cosas que ella había visto. Cosas que la perseguían hasta el día de hoy. Pobre Espartano. Nadie merecía su pasado. No era sorprendente que, aun siendo Dark Hunter, tuviera tendencia al suicidio. Como humano él había amado de una manera en la que pocos podrían, de una manera en la que nadie que lo hubiese conocido ahora sospecharía.
Cuánto sufría ella por él.
Pero el Oso no era Ethon. Y Sam no estaba aquí para encontrar un compañero de cama. Estaba aquí en busca de información…

Dev sintió que el cabello de la nuca se le erizaba. Alguien estaba viéndole. Podía sentirlo con cada instinto animal que poseía. Aún cuando quería salir a buscarlos, se forzó a sí mismo a permanecer perfectamente quieto. Dejándoles saber que se encontraba por completo desprevenido. Si se decidían a atacar, su asunto llegaría a su fin gracias a sus garras. 
Al menos era lo que pensaba hasta que captó una esencia en el aire que hizo que se pusiera duro instantáneamente.
Samia Savage.
Gah, ¿Qué era lo que estaba mal en él que la mera esencia de su piel podía aumentar su presión sanguínea? Probablemente el hecho de que estuviera fuera de su alcance. La lujuria de la fruta prohibida. Había arruinado a muchos hombres y aún más osos.
—Te veo Dark- Hunter. —Era una mentira. No tenía ni idea dónde estaba, pero decir que la había olido podría ofenderla. Las mujeres podían ser extrañas en esas cuestiones.
—También te veo, Oso. Difícil de pasarte por alto ya que estás parado bajo una luz.
Sam estaba a su izquierda. Enderezándose, se empujó a si mismo lejos del muro mientras ella se acercaba hacia él lentamente. Condenado si ella no era la cosa más sexy que había visto en un largo tiempo. La manera en la que se movía…
Era criminal…
Ella tenía su chaqueta hacia atrás y n par de anteojos de sol opacos. Aún así, recordó cuan hermosos habían sido sus ojos y lo hacía preguntarse acerca de su color real. Todo los Dark Hunters tenían ojos marrón oscuros. No importaba el color con el que hubieran nacido, en el momento en el que volvían a la vida, debido a que eran extremadamente sensibles a la luz, sus ojos eran tan oscuros que eran casi negros. Si fueran lo suficientemente afortunados para recuperar sus almas de Artemisa, su color se revertiría al color humano y se transformarían en mortales nuevamente.
Por alguna razón, él tenía una imagen de Sam con brillantes ojos verdes.
Estás siendo tan estúpido.
Yeah, él lo era. Nunca había sido del tipo romántico. Armonizaba enteramente con su mitad animal. El romance era para los hombres que habían suplicado por mujeres. Algo con lo que él nunca había tenido problemas. Parte de su fortuna, o maldición dependiendo del punto de vista, de ser un cambia formas era el profundo magnetismo que causaba que los humanos los buscaran y quisieran mimarlos. Ese encanto definitivamente servía a un propósito.
—Pensaba que estarías en casa a esta altura —dijo él mientras ella se le acercaba. Luego se dio cuenta qué estúpido había sido ese comentario ya que estaba de pie frente a su motocicleta.
Der... Él podría estar vistiendo un cartel que dijera Soy un idiota. Por favor ayúdame a recordar adónde vivo.
En mi defensa, es tarde y toda la sangre ha huido de mi cerebro a la parte central de mi cuerpo.
Ella no hizo comentario acerca de su patente estupidez mientras se detenía justo en frente y le regalaba una sonrisa cerrada. Esos anteojos de sol mantenían a sus ojos escudados de él, pero podía sentir su mirada sobre el cuerpo como un toque físico y le hacían desear que su mano le acariciara la carne.
—Quiero preguntarte algunas cosas más acerca de tu alucinación.
—Por favor dime que era esa en la que confundías mi cuerpo con una paleta helada.
Ella emitió una risita.
—¿De dónde salió eso?
Fácil. De la imagen que él tenía en la cabeza en este preciso momento, de la desnudez de Sam en su cama.
—Un oso puede soñar ¿O no?
—Un oso puede soñar. Pero esos sueños también puede dejarlo despellejado.
—¿Estarás desnuda cuando me despellejes?
Ella sacudió su cabeza.
—¿Todo se vincula con estar desnudo?
—No todo. Sólo cuando una Hermosa mujer está involucrada y únicamente si soy en verdad afortunado… ¿Alguna chance de que pudiera tener suerte esta noche?
Ella hizo un breve sonido de hastío.
—¿Estás seguro que eres un oso y no un perro caliente?
Dev sonrió.
—Créelo o no, no soy así de malo usualmente.
—¿Por qué será que no te creo cuando me dices eso?
—¿Probablemente porque he sido realmente malo esta noche? —Dev le guiñó un ojo. —Pararé. ¿Dijiste que tenías una pregunta en la que, desafortunadamente, no involucra desnudez?
Sam tuvo que forzarse a si misma a no revelar sus emociones mientras él continuaba bromeando con ella. No bajes tu guardia. Los hombres como Dev únicamente quieren a una mujer por unas pocas horas y luego pasan de ellas.
No importaba cuan lindo era, no era su tipo y definitivamente ella no estaba interesada en conocer los recónditos lugares de su mente.
—Ese Daimon que piensas que viste… ¿Te dijo algo?
—No realmente. Sólo me preguntó cuándo reabriríamos el local.
—¿Recuerdas cómo se veía?
Él le lanzó una mirada divertida antes de responder en un tono parejo.
—Rubio y alto.
Sam enroló sus ojos ante esa descripción. Todos los Daimons, a menos que se tiñeran el cabello, lo cual era raro, eran rubios y altos.
—¿Algo más?
—Tenía colmillos y ojos oscuros.
Como todo Daimon que ella había visto.
—Realmente no estás ayudándome… ¿Prestarías mayor atención si te tocase?
Su ceja derecha se levantó hacia arriba antes de que esa luz burlona y familiar entrase en sus ojos azules.
—¿Tocarme dónde?
—Deja de comportarte como un pervertido por tres segundos. Sólo quiero ver lo que viste ese día.
Dev se paró en frente de ella.
—No permitiré que te introduzcas en mi mente, chica. Podrías robarte mis contraseñas o algo. 
—No quiero tus contraseñas.
—Uh, huh.
La expresión dudosa en su cara era absolutamente adorable.
—Eso es lo que todos dicen, entonces la siguiente cosa que sabes es que están en tus cuentas de Banco, roban tu dinero y usan tu cuenta de Facebook para enviar sporn a los otros y hacer que quedes banneado de por vida. No gracias.
—¿Sporn?
—Spams porno. No te hagas la inocente luciendo como si no supieras de lo que te estoy hablando. Conozco todo acerca de ti y tus amigas amazonas… he escuchado las historias. Vi las noticias y todo eso. No permitiré que te acerques a mi cerebro de esa forma. La última cosa que deseo es olvidar cómo luce la Señorita Febrero en toda su gloria.
Sam quería estar enojada por su ridículo arrebato, pero Dev era demasiado divertido.
—Deja de portarte como un bebé y dame una mano.
Él se acercó a ella un paso más.
—No.
—¿Estás hablando en serio?
—Por supuesto que lo estoy haciendo. No te quiero en mi cabeza. La última vez que una mujer leyó mis pensamientos, me pegó un bofetón tan duro, que mis orejas todavía están zumbando. Y como un oso de guardia, necesito mi audición intacta. Podría ser fatal perderla.
—Voy a abofetearte otra vez si no paras de comportarte como bebé.
Dev gruñó como un oso pardo enjaulado. Un sonido impresionante. Pero ella se había calzado zapatos confeccionados con el cuero de animales mucho más rudos que él antes de adquirir las habilidades de una Dark Hunter.
—No estoy intimidada.
—Deberías estarlo. Debido a que será el único aviso que planeo darte. –Dev en verdad no quería hacer eso. Nunca había permitido que nadie viera en su interior. Era intrusivo y rudo—. No puedo expresarte lo mucho que medisgustaría que te metieras en mi mente.
—¿¡Qué es lo que guardas allí que estás tan temeroso de compartir?
—Mi sucia ropa interior.
Sam se mofó y trató de tocarlo.
—Yo no quiero eso. Vamos Dev.
Él se retrajo otra vez.
—Vamos Dev nada. Mis pensamientos son míos y no te veo permitiéndome inmiscuirme en los tuyos.
Sam trató de tocarlo, pero Dev era realmente rápido y se alejaba fuera de su agarre cada vez que ella lo hacía.
—Eso es porque no tengo nada que mostrarte que sea importante para ti. Sólo quiero ver cómo lucía el Daimon. Eso es lo único que tomaré. Te lo prometo.
—Sí… claro. Honestamente ¿Puedes controlar tus poderes tan bien?
Ella se sonrojó.
—Ah, ya veo, lo sabía. Tú vas a escarbar allí y voy a olvidarme cómo se hace el origami o algo así. O peor aún, comenzaré a orinar en las esquinas o a eructar en momentos inadecuados.
—Como si no lo hicieras, de todas formas.
—¿Estás estereotipándome? —Su tono sonaba altamente ofendido —. Señorita, no me conoces lo suficiente para hacer ese comentario y para que conste, tengo un montón de hábitos que no son hoscos. Inclusive bebo té en una taza de mierda, floreada y rosa ¿Ya he dicho lo mucho que mi hermana me enoja? 
Ella ignoró su diatriba y lo trajo nuevamente al tema que estaban tratando.
—No te heriré. 
—Yeah, y la cosa luminosa solo es un examen ocular.
¿De qué diablos estaba hablando ahora? 
—¿La qué?
—¿La cosa deslumbrante? ¿No has visto a Will Smith en “Hombres de Negro”?
—Uh... No.
Dev suspiró.
—Estás tan necesitada.
—Y tú eres tan peculiar. ¿Hay alguien más que haya visto al Daimon y que no me tema?
—Yo no te temo. Temo el daño cerebral que vas a provocarme. Sin ofender, pero necesito a mis últimas tres neuronas.
—Nunca he provocado daño cerebral a nadie por hacer esto.
—Uhhhhh… —Dev arrugó su nariz—. Eso es lo que tú piensas. ¿Les has hecho tomografías computadas a cada de uno a los que les hiciste eso? ¿Sabes si les quitaste largas o cortas porciones de memoria de sus cerebros?
No, pero realmente no había sido necesario. Ella no iba a emitir una luz sobre él o algo así.
—¿Demasiado paranoico?
—Absolutamente. Observa esta puerta por un par de cientos de años y verás algo de la mierda que entra aquí. Serías paranoica también. No quiero ningún mojo hocus pocus rondando en mi cabeza. Si quisiera jugar juegos mentales, bajaría sodukus en mi iPhone.”

Gracias a LLL y a abrazalanoche

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