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viernes, 22 de octubre de 2010

Pequeños extractos de Crescendo de Becca Fitzpatrick

¡Hola! 
Primero debo disculparme por no estar en el blog por unos cuantos días, pero lamentablemente estuve muy ocupada con estudios, trabajos y demás, y probablemente la próxima semana también. En fin hoy les traigo un pequeño extracto de Crescendo, gracias al blog Jam's world 

"Patch apareció en la entrada de la cocina, vestido con una camiseta polo oscura y unos jeans negros. No estaba acostumbrada a que él me examinara a cierta distancia. Sus ojos eran negros como la noche y su cabello rizado, entre sus orejas, daba la apariencia que habían pasado seis semanas, y ya necesitaba un corte. Él tenía un cuerpo que inmediatamente atraía al sexo opuesto, pero su postura, decía: "No estoy abierto a la conversación".

"-Creo que ha pasado todo una hora desde la última vez que comí -dijo Vee-. Donas glaseadas, aquí vamos..." Ella estaba a cuatro pasos por delante tirando de las puertas.

"Pensé que estabas tratando de bajar de peso para la temporada de trajes de baño" -le dije.

"Tú sí sabes cómo bajar el estado de ánimo. De todas formas, ¿qué daño puede ocasionar una sola dona?"

Nunca había visto a Vee comer solo una rosquilla, pero mantuve la boca cerrada.

viernes, 8 de octubre de 2010

Extracto de Shadowfever, K.M. Moning


Muy pocos habían visto alguna vez a los Seelie, excepto los pocos mortales robados por ellos mismos que vivían en la corte Fae, y por supuesto, Barrons, que alguna vez pasó una gran cantidad de tiempo allí, durmiendo con una princesa, antes de asesinarla y enojar a V’lane eternamente.
Yo he visto miles de Unseelies, pero hasta ahora, incluso yo – la sidhe ser extraordinaria- apenas había visto un solo Seelie.
Había comenzado a preguntarme por qué.
En las oscuras horas de la noche, Me había preguntado si tal vez el era el único que quedaba, si estaba escondiendo algo, si a lo mejor él no era realmente Seelie, a pesar de todas las evidencias a su favor.
Viéndolo en este momento, todas mis dudas se evaporaron.
Aquí están los Seelie.
Ellos finalmente movieron sus culos y comenzaron a ponerle atención al desastre en el que convirtieron mi mundo. Supongo que estaban demasiado ocupados, hasta ahora.
Incluso tan llena de odio contra los Fae como estoy, no puedo negar que V’lane luce como un ángel vengador, cargando desde el cielo para poner mi mundo de vuelta en su eje y limpiar todo este desastre. Radiante, dorado y fascinante, el dirige un ejército de ángeles.
Altos, graciosamente musculosos, ellos avanzan hombro a hombre con él, llenando la calle. Deslumbrantes, su piel aterciopelada espolvoreada con oro, ellos son tan escalofriantemente exquisitos que incluso para mi es difícil mirarlos – y yo soy inmune por haber sido una Pri-ya, una adicta al sexo Fae.
Ellos son seres de otro mundo, divinos.
Hay docenas de seres de la casta de V’lane, hombres y mujeres. Todos poseen un erotismo terrorífico que los hace letales para los humanos. Si un científico lograra atrapar uno para estudiarlo, no estaría sorprendida de enterarme que su piel exuda alguna feromona que nos enloquece de necesidad.
La perpetua promesa de una sonrisa descansa en sus irresistibles labios, debajo de unos ojos extraños, ancianos. A pesar de todo lo que he sufrido en sus manos, quiero correr hacia adelante y deslizar mis manos sobre su sedosa piel, descubrir si su sabor es tan increíble como su olor. Quiero verme envuelta en el abrazo de un Fae, dejar a un lado mis recuerdos, mi mente, mi voluntad y ser llevada a una Corte Fae donde pueda permanecer por siempre joven, protegida por la ilusión.
Rodeando la casta de V’lane – la que asumo es la de más alto rango, dado como las otras castas parecen protegerla- están las criaturas producto de los cuentos de hadas. Son del color del arcoíris, delicadas hadas que vuelan como ruiseñores con alas de la más fina gasa; ninfas plateadas que bailan sobre sus delicados pies; y otros que ni siquiera puedo ver, excepto por los cegadores rastros que dejan atrás cuando se mueven. Ellos son tan brillantes y ardientes, que solo podrían describirse como estrellas en la tierra.
Me burlo ante la delicadeza de su ejército. Ellos son etéreos, nacidos para volar, seducir y ser servidos.
El mío es terrenal, sólido. Nacido para arrasar, matar y gobernar.
Nos acercamos el uno al otro, sobre una calle cubierta de nieve.
Donde los pies de los Seelie tocan la tierra, la nieve se derrite con un silbido. Un vapor se eleva y entre las grietas aparecen flores, brillantes, florecientes, ungiendo el aire con esencias de jazmín y sándalo. El lado Seelie de la calle está bañado en luz dorada.
Mientras las garras y estómagos escalados de mi ejército avanzan sobre las piedras- se forma una corteza de hielo negro. La noche nos abraza; como sombras furtivas, avanzamos emergiendo de la oscuridad.

Sólo en una oportunidad anterior se los Seelie y los Unseelies se han enfrentado de esta forma – ese fue el día en que murió la reina Seelie. Esto es material de leyendas, nunca presenciado por humanos, excepto tal vez en nuestros sueños.
Monstruos deformados y horrendos demonios se quedan mirando con siniestros ojos llenos de odio, sus perfectos, dorados enemigos.
Los ángeles miran con desprecio esas abominaciones que nunca debieron haber nacido, aquellos que ensucian la perfección de la raza Fae, contaminan su existencia simplemente porque viven.
Me pregunto que estaba pensando Darroc al enfrentarlos de esta manera.
Nos detenemos a una docena de pasos de distancia.
Mi aliento congela el aire para convertirse luego en vapor al traspasar una barrera invisible. Sobre el pavimento en medio de nosotros giran remolinos, reuniendo la indigerible piel de las personas que las Sombras dejaron atrás, y comienzan a formarse pequeños tornados.
Quien fuera que invento en los cuentos de hadas que los Fae no sentían estaba hablando pura mierda. Ellos sienten el rango completo de las emociones humanas. Ellos simplemente lo manejan diferente; con paciencia nacida de la eternidad. Educados en las costumbres de la corte, ellos adoptan mascaras de impasividad porque tienen la eternidad para jugar sus juegos.
Mientras nos estudiamos a través de los rápidamente crecientes tornados, recuerdo a V’lane contándome como ellos destruyeron su propio mundo luchando. Se partió de un lado a otro. ¿Fue así como ocurrió? ¿Podrá el cambio climático que se está generando por el choque de estas dos poderosas cortes seguir creciendo si pelean, y destruir tambien este mundo? No es que me importe mucho, dado que pretendo re-crearlo usando El Libro, pero necesito El Libro antes de que este mundo sea destruido.

Lo que significa que la batalla de las tormentas realmente necesita detenerse.
“Suficiente melodrama, V’lane,” digo fríamente.
Sus ojos son los de un extraño. El me observa con la misma expresión que utiliza con los monstruos a mi espalda. Estoy un poco irritada al darme cuenta que ni siquiera mira a Darroc. Su mirada pasa por encima de él como si ni siquiera estuviera alli. El es el Fae caído, traidor de su raza, el único culpable por la caída de las paredes. Yo soy sólo una Sidhe-seer tratando de sobrevivir.
El dios Griego espolvoreado de oro parado a diestra de V’lane dice con desprecio, “¿Esa…cosa es la humana que dijiste que debemos proteger? ¡Ella está aliada con esas abominaciones!”
La diosa de piel dorada a su izquierda sisea, “¡Destrúyela ahora!”
Cientos de Seelie, caminando, danzando y volando comienzan a clamar por mi muerte.
Sin quitar mis ojos de ellos, le digo a Darroc, “Realmente me serviría tener mi espada ahora.” Asumo que el aún la tiene, que V’lane no se las ha arreglado para quitársela de la misma manera que lo hace conmigo.
Mientras las pequeñas, delicadas hadas comienzan a proponer métodos para mi ejecución, cada uno más lento y doloroso que el anterior, el dios y la diosa que acompañan a V’lane lo presionan.
“Ella es humana y ha escogido a los oscuros. ¡Mírala! ¡Ella lleva sus colores!”
“¡Tu dijiste que ella nos adoraba!”
“¡Y que ella nos obedecería en todo!”
“¡Ellos la han tocado! ¡Puedo olerlos en su piel!” Los dioses parecen asqueados… y excitados. Sus ojos iridiscentes brillan con chispas doradas.
“¡Ellos la han usado!” Gruñe la diosa. “Ella está sucia. ¡No voy a tolerarla en la corte!”
“Silencio” Grita V’lane. “Yo dirijo la raza para nuestra Reina. Yo hablo en nombre de Aoibheal!”
“¡Esto es inaceptable!”
“¡Escandaloso!”
“¡Más de lo que podemos soportar, V’lane!”
“¡Ustedes harán lo que yo diga, Dree’lia! Yo soy quien decide su destino. Y sólo yo haré que se cumpla”
Yo le siseo a Darroc. “Tu necesitas tomar una decisión, y rápido.”
“Ellos siempre exageran,” murmura Darroc. “Es una de las muchas cosas que despreciaba de la corte. Una sesión del Alto concejo puede continuar así durante varios años humanos. Dales tiempo. V’lane los obligará a calmarse.”
Una de las pequeñas, aladas Seelie, rompe la formación y se dirige directo hacia mi cabeza. Yo la esquivo pero ella sigue volando a mí alrededor.
Me sorprendo al oírme a mi misma riendo.
Dos más rompen la formación y comiezan a dibujar apretados círculos alrededor de mi cabeza.
Mientras ellas pasan alrededor mío, mi risa toma un tono histérico. No hay nada gracioso a cerca de lo que está pasando – Y aún así yo me rio a carcajadas. No puedo evitarlo. Nunca he estado tan divertida en toda mi vida. Me sostengo a los lados y me doblo, riéndome, riéndome a carcajadas, ahogándome en sollozos de alegría forzada, mientras ellas se acercan más y más a mí. Estoy avergonzada de los sonidos que salen de mi boca. Horrorizada ante la naturaleza incontrolable de ello. Odio los Fae y su manera de despojarme de mi voluntad.
“Deja de reírte” gruñe Darroc.
La risa me tiene al borde de la histeria y duele. Me las arreglo para levantar mi cabeza de mis rodillas solo lo suficiente para darle una mirada sucia. Desearía dejar de reírme. Pero no puedo.
Quiero decirle que obligue a las malditas cosas a marcharse, excepto que no puedo respirar, ni siquiera puedo cerrar mis labios el tiempo suficiente para formar consonantes. Lo que sea que estos adorables pequeños monstruos Seelie sean, su especialidad es la muerte por risa. Que horrible manera de morir. Después de tan solo unos minutos, me duele el tórax de tanto reírme, mi estomago arde, y mi respiración es tan ligera que estoy mareada. Me pregunto cuánto tiempo toma morir de alegría forzada. ¿Horas? ¿Días?
Una cuarta pequeña hada se une al juego, y me yo me prepare para doblarme sobre mí misma, para encontrar un arma en mi oscura cueva del lago, cuando de repente una lengua, chorreando veneno, pasa silbando junto a mi oído y desaparece la pequeña Seelie del aire.
Escucho sonidos crujientes tras de mí.
Me rio sin parar.
“¡V’lane!” grita la diosa dorada, “¡Esa cosa, esa horrible cosa se comió a M’ree!”
Escucho otro sonido, seguido de más sonidos crujientes y la segunda hada desaparece. Yo me rio a carcajadas enloquecidas.
Las dos restantes se retiran, sacudiendo diminutos puños y gritando en un lenguaje que no comprendo. Incluso enojados, su voz es más Hermosa que un aria.
Mi risa pierde su potencia forzada.
Después de un largo momento, soy capaz de relajarme, y dejo de hacer locos sonidos de alegría. Los estruendos se desvanecen de gemidos a silencio. Suelto mi estomago e inhalo aire frio, calmante.
Allí estoy, furiosa de repente, y esta emoción es toda mía. Estoy harta de ser vulnerable. Si tuviera mi espada esas sucias pequeñas hadas de muerte-por-risa nunca se hubieran atrevido a acercarse a mí. Las hubiera cortado en el aire y hubiera hecho Kebabs de hada con ellas.
“Los amigos” le siseo a Darroc, “Confían el uno en el otro.”
Pero él no lo hace. Puedo verlo en su rostro.
“Tu dijiste que me la entregarías para que pudiera defendernos.”
El sonríe suavemente y sé que está recordando cómo murió Mallucé; lenta, horriblemente, pudriéndose de adentro hacia afuera. La espada mata a cualquier ser Fae y gracias a que Darroc ha estado comiendo tantos Unseelies, por sus venas corre sangre Fae. Un pequeño corte con la espada se convertiría en una sentencia de muerte. “Por ahora, no estamos siendo atacados”
“¿A quién le estás hablando, humana?” demanda la diosa.
Miro a Darroc, quien se encoje de hombros. “Te dije que el primer Seelie que me viera trataría de matarme. Por eso ellos no pueden verme. Mis príncipes me esconden de sus ojos.”
Ahora comprendo porque la vista de V’lane se desliza sobre él como si no estuviera allí. No lo está. “¿Así que para ellos yo soy la única parada aquí? ¡Ellos creen que estoy liderando tu ejercito!”
“Nunca temas, sidhe ser,” dice fríamente V’lane, “Yo huelo la podredumbre de lo que una vez fue Fae y ahora canibaliza nuestra raza. Yo sé quien lidera este ejército. Y a cerca de ser tu amigo, este con el que tan poco sabiamente caminas no tiene amigos. El siempre ha servido únicamente a sus propósitos personales.”
Yo inclino mi cabeza. “¿Eres tu mi amigo, V’lane?”
“Podría serlo. Te he ofrecido mi protección repetidamente.”
La diosa jadea. “¿Tu le ofreciste protección y ella se negó? ¿Ella escogió esas… cosas… sobre nosotros?”
“¡Silencio, Dree’lia!”
“Los Tuatha de Danaan no se ofrecen dos veces” refunfuña ella.
“¡Dije silencio!” Estalla V’lane.
“Tu claramente no compren-“
Me quedo sorprendida. Dree’lia no tiene boca. Sólo queda suave piel donde solían estar sus labios. Sus delicadas fosas nasales se abren debajo de ancianos, ojos llenos de odio.
El dios dorado se acerca para abrazarla. Ella apoya su cabeza en su cuello y se agarra a él. “Eso fue innecesario.” Le dice rígidamente a V’lane.
Estoy sorprendida por la absurdidad del momento. Aquí estoy yo, en medio de las dos mitades de la raza más poderosa que se pueda imaginar. Ellos están en guerra. Ellos se odian y están tratando de conseguir el mismo premio.
Y los Seelie – quienes han disfrutado de absoluta libertad y poder durante toda su existencia – están peleando entre ellos por simples trivialidades, mientras los Unseelies – quienes han sido aprisionados, obligados a soportar hambre y torturas durante cientos de miles de años – mantienen pacientemente su formación y esperan por las órdenes de Darroc.
Y yo no puedo evitar verme reflejada en ellos. Los Seelie son quien yo era antes de la muerte de mi hermana. La linda, rosada, frívola Mac. Los Unseelies son quien me he convertido, esculpida por la perdida y la desesperación. La Mac negra, sucia, y determinada.
Los Unseelies son más fuertes, menos vulnerables. Me alegro de ser como ellos.

Gracias a Jam's World

miércoles, 6 de octubre de 2010

Extracto Completo de Lover Unleashed

Manny Manello no quería que nadie conduciera su Porsche. De hecho, salvo el mecánico, nadie lo había hecho.

Esta noche, sin embargo, Jane Whitcomb estaba detrás del volante porque: uno, ella era competente y podría cambiar de marcha sin moler su transmisión en un árbol; dos, Jane había mantenido que el único modo de llevarlo a donde iban era si ella estaba al mando: y tres, él aún estaba conmocionado por ver a alguien que había enterrado salir de los arbustos con un ey-cómo-estás.

Tenía muchas preguntas. Un gran cabreo, también. Y, seh, tenía la esperanza de conseguir un lugar de paz, luz y sol y toda esa mierda ñoña, pero no estaba conteniendo la respiración por eso. Lo que era un tanto irónico. ¿Cuántas veces había mirado el techo durante la noche, todo repantigado en la cama con algún Lagavulin, rezando para que su ex jefa de trauma volviera?

Manny miró su perfil. Iluminada por el resplandor del salpicadero, ella seguía siendo inteligente. Seguía siendo fuerte.

Seguía siendo su tipo de mujer.

Pero eso nunca había pasado. Además de todas las mentiras sobre su muerte, estaba el anillo de bronce gris en su mano izquierda.

—Te has casado —dijo él.

Ella no lo miró, simplemente siguió conduciendo.

—Sí, así es.

El dolor de cabeza que había brotado en el instante en que ella había salido de detrás de su tumba instantáneamente pasó de malo a espantoso, y los sombríos recuerdos que el Lago Ness tenía debajo de la superficie de su mente consciente lo tentaban y le hacían querer revelarlos.

Tuvo que cortar esa búsqueda cognitiva y echarla fuera, sin embargo, antes sufrió un aneurisma por la presión: mientras se perdía en su propia mente, tenía la sensación de que podía provocarse un daño permanente si seguía luchando.

Miró por la ventanilla del coche, los esponjosos pinos y los mullidos robles que se alzaban hacia la luna, el bosque que recorría las afueras de Caldwell crecía más grueso a medida que se dirigían al norte de la ciudad y los puentes gemelos del centro.

—Moriste aquí —dijo con gravedad—. O al menos fingiste hacerlo.

Ellos habían encontrado su Audi, entre los árboles, en un tramo de carretera no lejos de aquí, el coche se había salido del arcén. Sine mbargo, no había ningún cuerpo a causa del fuego.

Jane se aclaró la garganta.

—Siento que todo lo que tengo es un “lo siento”. Y eso apesta.

—No es una fiesta para mí tampoco.

Silencio. Más silencio. Pero él no era el único culpable si lo único que recibía a cambio era lo siento. Además, no estaba completamente en la ignorancia. Sabía que ella tenía un paciente que quería que él tratase… bueno, eso era todo, ¿no?

Finalmente, ella giró a mano derecha hacía el desvío de… ¿un camino de tierra?

—Para tú información —murmuró Manny—, este coche fue construido para pistas de carretera, no para terrenos escabrosos.

—Éste es el único camino.

A dónde, se preguntó.

—Vas a deberme algo por esto.

—Eres el único que puede salvarla.

Los ojos de Manny brillaron.

—No me dijiste que era un “ella”.

—¿Acaso importa?

—Teniendo en cuenta lo poco que sé, todo importa.

A diez metros, pasaron a través de innumerables charcos que eran tan profundos como malditos lagos y, mientras su Porsche se salpicaba, él rechinó los dientes:

—Una vez solucionado lo de esta paciente, quiero venganza por lo que le estás haciendo a mi coche.

Jane dejó escapar una risita y, por alguna razón, eso hizo que le doliese el centro del pecho –nada bueno iba a venir de la morada de su basura emocional. No era como si ellos hubiesen estado juntos-, seh, había habido atracción por su parte. Y, también, un beso. Sin embargo, eso era todo.

Y, ahora, ella era la Señora De Otro.

Unos cinco minutos más tarde, se acercaron a unas puertas que parecían haber sido construidas durante las Guerras Púnicas. La cosa estaba colgando en la perspectiva de Alicia en el País de las Maravillas, el eslabón de la cadena estaba jodido y roto en algunos lugares, la cerca que la dividía en dos tenía más de cuatro metros de alambre de púas que había visto tiempos mejores.

Sin embargo, se abrió sin problemas. Y, mientras accedían, vio la primera cámara de video.

Mientras avanzaban a paso de tortuga, una extraña niebla rodó por nada en particular, el paisaje se volvió borroso hasta que no pudo ver más allá de doce centímetros por delante de la rejilla del coche. Cristo, era como si estuvieran en un episodio de ScoobyDoo.

La siguiente puerta se encontraba en un estado un poco mejor y la que vino después era aún más nueva, y la que vino después de ésta.

La última puerta a la que llegaron era de un resplandeciente escupe-y-brilla y muy parecida a Alcatraz: la cabrona se alzaba varios metros por encima de la tierra y había advertencias de alta tensión por todas partes. ¿Y en cuanto a la pared? Esa mierda no era nada para el ganado, más parecido a velocirraptores, y qué te apostabas a que la piedra tenía un grosor de medio metro.

Manny giraba la cabeza de un lado a otro a medida que avanzaban y empezaban a descender a un túnel que podría haber tenido una señal de “Holanda” o de “Lincoln” clavada por su robustez e iluminación.

Cuanto más bajaban, más se alzaba la pregunta que le había golpeado desde que la había visto por primera vez: ¿por qué fingir su muerte? ¿por qué provocar ese tipo de caos que lo había afectado a él y a todas las personas que habían trabajado en el St. Francis? Ella nunca había sido cruel, nunca había sido mentirosa y nunca había tenido problemas financieros ni había salido corriendo.

Ahora lo sabía sin que ella se lo dijera con palabras.

El Gobierno de los EE.UU.

Este tipo de escenario, con este tipo de seguridad… ¿escondido a las afueras de una ciudad lo bastante grande, pero no tan grande como Nueva York, Los Ángeles o Chicago? Tenía que ser el gobierno. ¿Quién más podría pagar esto?

¿Y quién demonios era esa mujer que él iba a tratar?

El túnel terminó en un garaje que debía ser comunitario, con sus pilones y pequeños puntos pintados de amarillo y, sin embargo, tan grande como parecía y sólo había un par de camionetas con vidrios tintados y un pequeño autobús también con los cristales oscurecidos.

Después de que ella aparcase el Porsche, una puerta de acero se abrió y…

Una mirada al enorme tipo que salió y la cabeza de Manny explotó, el dolor detrás de los ojos fue tan intenso que se quedó inmóvil en el asiento, con los brazos cayendo a los lados y la cara contrayéndose por el dolor.

Jane le dijo algo. Una puerta fue abierta.

El aire que le golpeó olía a seco y vagamente como a tierra… pero había algo más. Colonia. Un olor a especias que estaba entre costoso y agradable, pero también sintió un curioso deseo de alejarse.

Manny se obligó a abrir los párpados. Su visión era inconstante como el infierno, pero era increíble lo que podías hacer si tenías que hacerlo, y mientras enfocaba la cara que había frente a él se encontró mirando al hijo de puta con barba de chivo que había…

En una ola de dolor, sus ojos se pusieron blancos y estuvo a punto de vomitar.

—Tienes que liberarle la memoria —oyó que decía Jane.

Hubo alguna conversación en este momento, la voz de su ex colega se mezclaba con los tonos profundos del tipo con los tatuajes en la sien.

—Está matándolo…

—Hay demasiado riesgo…

—¿Cómo diablos va a operar así?

Hubo un largo silencio. Y luego, de repente, el dolor se levantó hacia atrás como si fuera un velo y los recuerdos inundaron su mente.

El paciente de Jane. De vuelta al St. Francis. El hombre de la barba de chivo y… el corazón de seis válvulas.

Manny abrió los ojos y los clavó en esa cruel cara.

—Te conozco.

El tipo se había presentado en su oficina y había cogido los archivos de su corazón.

—Sácalo del coche —fue la única respuesta del de la perilla—. No confío en mí mismo para tocarlo.

Menuda bienvenida.

Mientras el cerebro de Manny luchaba por ponerse al día con todo, al menos sus pies y sus piernas parecían empezar a funcionar bien. Y después de que Jane lo ayudara a ponerse en vertical, la siguió a ella y al enemigo de la barba de chivo hasta una instalación que era tan anodina y limpia como cualquier hospital: los corredores estaban despejados, había luces fluorescentes con paneles en el techo y todo olía a Lysol.

Había también varias cámaras de seguridad repartidas a intervalos regulares, como si el edificio fuese un monstruo con muchos ojos.

Mientras caminaban, Manny supo que no debía hacer ninguna pregunta. Bueno, eso y que tenía esparcida la membrana, estaba bastante jodido y seguramente la deambulación era lo único que estaba en la medida de sus capacidades en este momento.

Puertas. Pasaron muchas puertas. Todas fueron cerradas y, sin duda, bloqueadas.

Finalmente, Jane se detuvo frente a un par de puertas dobles. Ella estaba nerviosa, y no le hizo sentir como si tuviera una pistola en la cabeza: en el quirófano, en innumerables líos de traumas, ella siempre había mantenido la calma. Esa había sido su marca registrada.

Esto era algo personal, pensó. De alguna manera, lo que fuera que había al otro lado era importante para ella.

—Tengo buenas instalaciones aquí —dijo ella—, pero no todo. No hay resonancia magnética. Sólo TAC. Pero el quirófano debería ser adecuado y, no sólo puedo ayudar yo, tengo una excelente enfermera.

Manny respiró profundamente, hasta el fondo. Ya fuera por sus años de formación y experiencia o porque era un hombre, se deshizo de todo el bagaje y flujo persistente de ow-ow-ow en la cabeza y la extrañeza de este descenso al pais de 007.

¿Lo primero en la lista? Echar al cabreado del gallinero.

Miró por encima del hombro al de la perilla.

—Tienes que dar marcha atrás, mi hombre. Te quiero fuera de la sala.

La respuesta de él le dio una noticia de última hora… El hijo de puta dejó al descubierto un par de colmillos terriblemente largos y gruñó, como un perro.

—Muy bien —dijo Jane, metiéndose entre ellos—. Eso está genial. Vishous esperará aquí.

¿Vishous? ¿Había oído bien?

Lo que fuese. Tenía trabajo que hacer y, tal vez, el hijo de puta podría ir a masticar cuero duro o algo así.

Manny entró en la sala de examen…

Oh… Dios mío.

Oh… Señor del cielo.

La paciente que había en la mesa estaba tan quieta como el agua y… era probablemente la cosa más hermosa que había visto nunca. El pelo era negro azabache y lo llevaba entrelazado en una gruesa trenza que colgaba del lado libre de su cabeza. La piel era de un oro marrón, como si fuera de origen italiano o hubiera estado recientemente al sol. Sus ojos… sus ojos eran como diamantes, lo que venía a decir que eran un tanto incoloros y brillantes, con nada más que un borde oscuro alrededor del iris.

—¿Manny?

La voz de Jane estaba detrás de él pero, sin embargo, sentía como si ella estuviese a kilómetros de distancia. De hecho, todo el mundo estaba en otra parte, nada existía excepto la mirada de su paciente cuando ella lo miró desde la mesa.

Finalmente ha sucedido, pensó. Toda su vida se había estado preguntando por qué nunca se había enamorado y ahora sabía la respuesta. Había estado esperando este momento, esta mujer, esta vez.

Esta mujer es mía, pensó.

—¿Es usted el sanador? —dijo ella en una voz baja que le detuvo el corazón, sus palabras magníficamente pronunciadas y, también, un poco sorprendidas.

—Sí —se sacó la chaqueta y la tiró a un rincón, le importó una mierda dónde fue a parar—. Para eso estoy aquí.

Mientras Manny se acercaba, esos impresionante ojos de hielo se inundaron con lágrimas.

—Mis piernas… siento como que van a moverse, pero no lo hacen.

El dolor fantasma. No era una sorpresa si estaba paralizada.

Manny se detuvo a su lado y miró su cuerpo, que estaba cubierto con una sábana. Era alta. Debía de medir por lo menos un metro ochenta. Y estaba construida con un poder elegante.

Era un soldado, pensó él, mirando la fuerza de sus brazos. Era una luchadora.

Dios, la pérdida de movilidad en alguien como ella le quitaba el aliento. Por otra parte, incluso si eras un teleadicto, la vida en una silla de ruedas era una perra y media.

Se acercó y le tomó la mano, y en el instante en que hizo contacto, todo su cuerpo se sacudió, como si ella fuese la toma de enchufe a su interior.

—Voy a cuidar de ti —le dijo mientras la miraba fijamente a los ojos—. Quiero que confíes en mí.

Ella tragó saliva mientras una lágrima de cristal se deslizaba hacia abajo por su sien. Por instinto, él se adelantó con la mano libre y la tomó…

El gruñido que se filtró desde la puerta rompió el hechizo que lo tenía atado y lo convirtió en una especie de presa. Y cuando miró hacía el de la barba de chivo, sintió como que le devolvía los gruñidos al hijo de puta. Lo que, por supuesto, no tenía sentido.

Sin soltar la mano a su paciente, le ladró a Jane:

—Saca a ese bastardo miserable de mi sala de operaciones. Y quiero ver los condenados escáneres. Ahora.

Incluso si lo mataban, él iba a salvar a esa mujer.

Y, mientras los ojos del perilla brillaban con puro odio, pensó, bueno, mierda, que sólo podría venir a eso…


Gracias a ladaganegra

domingo, 3 de octubre de 2010

Tenemos extracto de Lover Unleashed!

Y todo gracias a el blog de ladaganegra. Gracias!
Ojo, que no esta completo.

Manny Manello no quería que nadie conduciera su Porsche. De hecho, salvo el mecánico, nadie lo había hecho.

Esta noche, sin embargo, Jane Whitcomb estaba detrás del volante porque: uno, ella era competente y podría cambiar de marcha sin moler su transmisión en un árbol; dos, Jane había mantenido que el único modo de llevarlo a donde iban era si ella estaba al mando; y tres, él aún estaba conmocionado por ver a alguien que había enterrado salir de los arbustos con un ey-cómo-estás.

Tenía muchas preguntas. Un gran cabreo, también. Y, seh, tenía la esperanza de conseguir un lugar de paz, luz y sol y toda esa mierda ñoña, pero no estaba conteniendo la respiración por eso. Lo que era un tanto irónico. ¿Cuántas veces había mirado el techo durante la noche, todo repantigado en la cama con algún Lagavulin, rezando para que su ex jefa de trauma volviera?

Pero nunca había sucedido. Además de todas las mentiras sobre su muerte, estaba el anillo de bronce gris en su mano izquierda.

—Te has casado —dijo él.

Ella no lo miró, simplemente siguió conduciendo.

—Sí, así es.

Él miró por la ventanilla del coche, los esponjosos pinos y los mullidos robles que se alzaban hacia la luna.

—Moriste aquí —dijo con gravedad—. O al menos fingiste hacerlo.

Jane se aclaró la garganta.

—Siento que todo lo que tengo es un “lo siento”. Y eso apesta.

—No es una fiesta para mí tampoco.

Silencio. Más silencio. Pero él no era el único culpable si lo único que recibía a cambio era lo siento. Además, no estaba completamente en la ignorancia. Sabía que ella tenía un paciente que quería que él tratase… bueno, eso era todo, ¿no?


Después de que ella aparcase el Porsche, una puerta de acero se abrió y…

Una mirada al enorme tipo que salió y la cabeza de Manny explotó, el dolor detrás de los ojos fue tan intenso que se quedó inmóvil en el asiento, con los brazos cayendo a los lados y la cara contrayéndose por el dolor.

El aire que le golpeó olía a seco y vagamente como a tierra… pero había algo más. Colonia. Un olor a especias que estaba entre costoso y agradable, pero también sintió un curioso deseo de alejarse.

En una ola de dolor, sus ojos se pusieron blancos y estuvo a punto de vomitar.

—Tienes que liberarle la memoria —oyó que decía Jane.

Hubo un largo silencio. Y luego, de repente, el dolor se levantó hacia atrás como si fuera un velo y los recuerdos inundaron su mente.

Manny abrió los ojos y los clavó en esa cruel cara.

—Te conozco.

—Sácalo del coche —fue la única respuesta del de la perilla—. No confío en mí mismo para tocarlo.

Mientras el cerebro de Manny luchaba por ponerse al día con todo, al menos sus pies y sus piernas parecían empezar a funcionar bien. Y después de que Jane lo ayudara a ponerse en vertical, la siguió a ella y al enemigo de la barba de chivo hasta una instalación que era tan anodina y limpia como cualquier hospital. Había también varias cámaras de seguridad repartidas a intervalos regulares, como si el edificio fuese un monstruo con muchos ojos.

Finalmente, Jane se detuvo frente a un par de puertas dobles. Ella estaba nerviosa, y no le hizo sentir como si tuviera una pistola en la cabeza. Esto era algo personal, pensó. De alguna manera, lo que fuera que había al otro lado era importante para ella.

Manny entró en la sala de examen…

Oh… Dios mío.

Oh… Señor del cielo.

La paciente que había en la mesa estaba tan quieta como el agua y… era probablemente la cosa más hermosa que había visto nunca.

Finalmente ha sucedido, pensó. Toda su vida se había estado preguntando por qué nunca se había enamorado y ahora sabía la respuesta. Había estado esperando este momento, esta mujer, esta vez.

Esta mujer es mía, pensó.

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