lunes, 9 de agosto de 2010

Tercer Extracto de No Mercy (Dark Hunter)

El rugiente sonido de una moto de carreras se abrió paso entre sus melancólicos pensamientos mientras se aproximaba desde la calle. Era una Busa. Él podía decir por el gemido gutural del motor (ellos tienen un sonido único que es inconfundible para todo aquel que conozca a su moto). Muchos de sus parientes Were- Hunter utilizaban motocicletas como medio de transporte, incluyéndolo a él y a sus hermanos.

A diferencia de un auto, era más fácil de teletransportar con sus poderes, y sobre la calle, no había nada más rápido que se pudiera maniobrar para mantenerse apartado del camino de los enemigos.

O detrás de ellos.

Pero este era un gruñido con un tono específico que decía que había sido modificada para una velocidad y rendimiento máximo.

Esperando ver al líder Dark –Hunter, Acheron, sobre su Hyabusa negra, Dev frunció el ceño mientras una moto roja apareció tan rápido de la calle, que él estaba sorprendido que no estuviera encabezando a
unos cuantos coches patrullas. El conductor pasó sobre la entrada, entonces dio un frenazo, deslizando la moto lateralmente y dejando una nube de caucho quemado sobre su paso. La rueda delantera estalló antes de que se dirigiera hacia él. Justo cuando alcanzó la cuneta, la llanta delantera se derrumbó con estrépito y el motociclista aparcó en frente de él con un rebote que causó que la rueda trasera se levantara.

Aún cuando el conductor era alto y decididamente constituido, Dev podía decir por sus curvas bien proporcionadas que la que estaba cubierta por un cuero que la protegía era una mujer.

Muy probablemente una ardiente también, y eso definitivamente llamó su atención.

Reacio a mostrarle que estaba sorprendido por sus habilidades de motociclista, Dev cruzó los brazos sobre su pecho mientras ella se quitaba su casco y dejaba suelto unos rizos rubios como la miel que caían sobre sus hombros. Rizos que enmarcaban un rostro adorable. Ni despampanante ni perfecto, pero exótico. Diferente. Sobre todo, sus rasgos eran seductores y él no podía evitar preguntarse cómo se vería ella a primera hora de la mañana con ese alboroto de rizos resbalándose alrededor de su cuerpo desnudo.

Ella poseía un aire de 
joie de vivre (NT: en francés “alegría de vivir”) y era contagioso –como si saboreara por cada latido que era afortunada de tener. Sin embargo, conducía la moto como una persona con un deseo de muerte.

—Si continúas conduciendo así, vas a matar a alguien.

La mujer deslizó una larga pierna alrededor del asiento antes de dirigirse lentamente hacia él, con paso tan seductor, tan caliente, que estaba seguro había enviado a la tumba a unos cuantos hombres de un ataque al corazón. Ella vestía un par de botas de motociclista planas New Rock con flamas saliendo de
los costados. Sus ojos marrones, almendrados, resplandecieron con travesura mientras se bajaba la cremallera de su chaqueta y le obsequiaba con una caliente inspección.

—Únicamente asesino a aquellos que lo merezcan, y a ellos los destripo con deleite.

Maldición, esa mujer era más sexy que cualquier otra que hubiera visto. Su cuerpo reaccionó a ella instantáneamente. Y eso le hizo preguntarse si sería tan abierta en su dormitorio.

Ella se sacó la chaqueta y la lanzó sobre su hombro para sujetarla allí con una mano enguantada, mostrándole una apretada camisa negra tejida antes de inclinarse más cerca de él. La cálida esencia de la mujer y el cuero hicieron que el oso dentro que tenía en su interio se sentara y ronroneara y eso era todo lo que podía hacer para no acariciar con la nariz ese suave cuello que parecía invitarlo a por una probadita.

—Para responder a tu pregunta, Oso… 
soy tan feroz en el saco como lo soy en la calle. Sólo para que lo sepas. —le guiñó un ojo.

Aquellas palabras causaron que su verga se sacudiera contra su voluntad mientras hacía una nota mental que ella pudiera leer en sus pensamientos. Su mirada cayó desde sus ojos hacia su profundo escote que estaba oprimido por un sostén negro. Y en el abultamiento de su seno derecho estaba la marca del doble arco y la flecha que le decía qué y quién era ella exactamente —no es que no lo
hubiera supuesto por sus poderes o por el pequeño brillo de sus colmillos cuando ella hablaba. Maldición, parecía como si ni siquiera la diosa Artemisa hubiera sido capaz de resistirse a obtener una apreciación de ese cuerpo caliente cuando ella la había traído consigo.

—No estoy familiarizado contigo, Dark Hunter.

La mujer enderezó la hilera de collares de calaveras negras que colgaba alrededor de su cuello.

—Nos hemos encontrado antes. Muy brevemente. Ni siquiera el suficiente tiempo como para
intercambiar nombres.

Dev frunció el ceño mientras trataba de recordar.

No, definitivamente no. Habría recordado a esta cazadora particular si la
hubiera visto antes –aún si eso hubiera ocurrido siglos atrás. Aún si hubiera
él hubiera estado muerto. No era ella el tipo de mujer que un hombre pudiera
olvidar fácilmente.

—Debes haberte encontrado con uno de mis hermanos.

La mayoría de la gente no podía diferenciarlos. Ocurría con toda esta cosa de ser idénticos y tanto Cherif como Quinn se habían turnado en la puerta cuando Dev tenía tiempo libre. No había duda que ella lo había confundido con uno de ellos.

—Somos cuatrillizos idénticos y me parezco mucho mis hermanos también.

Ella sacudió su cabeza rechazando esa idea.

—Lo sé. Me encontré con todos ellos. Estaba aquí la noche en la que los lobos atacaron.

Su mirada se dirigió hacia el techo donde todavía había un pequeño agujero provocado por los daños del
fuego de la pelea y sus ojos se oscurecieron con simpatía.

—Realmente siento lo de tus padres… y que nosotros no hubiéramos hecho un mejor trabajo en protegerlos.

Dev no sabía por qué, pero eso lo conmovió.

—Gracias por tu ayuda. Sé que hicieron lo mejor.

Todos lo habían hecho, pero el número de sus enemigos había sido abrumador.
Con toda honestidad, era un milagro que cualquiera de ellos hubiera sobrevivido.

De no ser por los Dark- Hunter y sus aliados, ellos no lo hubieran hecho.

Una sombra de dolor enmascaró la expresión de ella como si sus propios demonios estuvieran sepultados en esas palabras.

—Sí, pero a veces no es lo suficientemente bueno y ninguna cantidad de disculpas sinceras harán que esté todo bien. No obstante, realmente lo siento.
Por todo.

Ella miró dentro del bar antes de que recobrara su entusiasmo de antes.

—El nombre es Sam Savage.

Samia Savage...

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