martes, 3 de agosto de 2010

Prologo, La mentira más oscura (Gena Showalter)

LA MENTIRA MÁS OSCURA

PRÓLOGO

Gideon contempló a la mujer dormida sobre la cama de suave algodón azul cielo.

Su esposa.
Quizás.

El teñido cabello rodeando una cara innatamente sensual, largas pestañas proyectando sobras sobre sus graciosas mejillas. Una de sus manos descansaba contra su sien, sus dedos curvados hacia dentro, sus uñas pintadas de azul brillaban en el dorado fulgor de la lámpara. Su nariz era perfecta en forma y tamaño, su barbilla obstinada y sus labios los más llenos –y rojos- que había visto jamás.

Y su cuerpo… dioses. Quizás esas curvas hechas para el pecado eran la razón de que llevara el nombre de Scarlet. Sus hechiceros y redondos pechos… la delgada inmersión de su cintura… la femenina llama de sus caderas… la longitud de sus torneadas piernas… cada parte de ella hechas para engatusar, engañar.

Sin duda, ella era la hembra más atónitamente encantadora que había visto jamás. Un genuino y hermoso sueño. Solo, que esta belleza lo volvería de cabeza si se atrevía a besarla despierta.

El pensamiento le hizo sonreir de pura satisfacción masculina.

Una mirada, y un sombre sabía que ella era pasión y fuego bajo esa piel blanca como la nueve. Lo que la mayoría de los hombres no sabían, sin embargo, era qué, al igual que Gideon, ella estaba poseída por un demonio.

La diferencia es, que yo me merecía el mío. Ella no.

Hacía bastante tiempo, él había ayudado a sus amigos a robar y abrir la caja de Pandora, liberando el mal en su interior. Sí, sí. Un error. Apenas digno de pensárselo dos veces, si le pedías su opinión, pero los dioses no lo habían hecho, así que, como castigo, cada guerrero responsable fue maldito a hospedar un demonio en el interior de su propio cuerpo –maldades tales como Muerte, Desastre, Violencia, enfermedad, etc, etc.
Sin embargo, había habido más demonios que guerreros, así que los restantes habían sido introducidos en el interior de los presos inmortales del Tartaro. Donde Scarlet había residido toda su vida.

Gideon estaba emparejado con Mentiras, Scarlet con Pesadillas.

Claramente, él había conseguido atar en corto a ese picajoso demonio. Ella simplemente dormía como los muertos e invadía los sueños de la gente. Él no podía pronunciar una simple verdad sin sufrir. El decirle a una hermosa mujer que era preciosa caía de rodillas, agonía como ninguna otra atravesándolo, cortándole los órganos, como ácido derramándose por su sangre, drenando su fuerza, incluso erosionando su deseo de vivir.
“Eres fea”, tendría que decir en cambio. La mayoría de las mujeres estallarían en lágrimas y se alejarían corriendo como si las persiguiera el diablo. Así que, sí, él era inmune a las lágrimas.

¿Pero lo sería a las de Scarlet? Se encontró preguntándose a si mismo. ¿Y sus lágrimas lo incomodarían?

Él se estiró y trazó con la punta del dedo la curva de su mandíbula. Una piel tan sedosa, cálida. ¿Se reiría ella de él, sin preocuparse? ¿Intentaría rebanarle la garganta? ¿Creería en él? ¿La llamaría mentiroso?

¿O le patearía el culo igual que todas las otras?

El pensamiento de herirla, molestarla y finalmente perderla no le sentaba demasiado bien.

Dejó caer los brazos a los lados, apretando las manos en puños. Quizás le diga la verdad. Quizás le ruegue. Pero sabía que no lo haría.

Incurriste en ese error una vez, bien. Eras estúpido. Hazlo por segunda vez, y estarás probando la teoría de Darwin.

Él ya lo había hecho una vez.

Los más grandes enemigos de Gideon, los Cazadores, le habían capturado y le habían dicho que habían matado a Sabin, el Guardian del demonio de la Duda. Ahora, Gideon amaba a ese hombre como a un hermano –el chico podía putear como nadie- así que había saltado, gritándole lo mucho que los odiaba, diciéndoles que iba a matarlos a todos, y había sido la honesta verdad por los dioses, cada palabra de ellas. Aunque quizás le llevara años, siglos, el ver cumplida esa promesa, no le importaba. Había creído en cada palabra y había sido castigado por eso, con instantánea angustia.

Después de eso, encogido sobre el suelo e impotente, había sido un blanco fácil para torturar. Y los Cazadores lo habían torturado. Repetidamente.

Después de golpearle tan seriamente que sus ojos habían permanecido cerrados de lo hinchados que estaban y le habían saltado varios dientes, después de clavarle pinchos debajo de las uñas, electrocutarle, y gravarle la marca del infinito en la espalda, su marca, le habían amputado las manos. Él había pensado realmente que había llegado a su fin. Hasta que un muy vivo Sabin lo encontró, lo rescató y lo llevó a casa (después de masacrar a esos hijos de puta).

Afortunadamente, sus manos se habían regenerado finalmente. Algo por lo que había estado esperando. Muy… pacientemente. De modo que podría buscar venganza, sí. O al menos, así había sido al principio. Pero entonces sus amigos habían atrapado a esta mujer, esta Scarlet –y ella había proclamado que ellos eran marido y mujer.

Sus prioridades habían cambiado un poco.

El no la recordaba, mucho menos casarse con ella. Pero había visto flases de su rostro durante todos esos miles de años –mayormente cuando se derrumbaba encima de una mujer, sudando pero no verdaderamente repleto porque estaba demasiado lleno de algo o alguien, que no había sido capaz de nombrar. Por lo tanto, él no había podido negar completamente su reclamo. Y necesitaba negarla. Probar que estaba equivocada.
De otra manera, tendría que vivir con el conocimiento de que había abandonado a una mujer a la que había prometido proteger. Tendría que vivir con el conocimiento de que había dormido con otras mujeres mientras su esposa estaba sufriendo.

Tendría que vivir con el conocimiento de que alguien había jodido con sus recuerdos.

Claro, él le había exigido a Scarlet una explicación, pero ella era obstinada hasta la médula y se había negado a decirle nada más. Igual a como se conocieron, donde se conocieron, si se habían amado, si eran felices. Cuanto se habían separado.

Para ser honesto, él no podía culparla por mantener los detalles en secreto. ¿Cómo podía? Ella había sido tan prisionera de los Señores como lo había sido él recientemente de los Cazadores, y él tampoco había hablado con sus captores. Incluso durante ese oh, tan agradable extracción de manos.

Así que, tendría que ocurrírsele un plan. Para que Scarlet se abriera a él, tendría que llevarla a algún otro lugar. Solo durante un ratito. Solo hasta que tuviera respuestas. Entonces, esta mañana, había hecho justamente eso. Mientras su supuesta esposa dormía, inconsciente del mundo que la rodeaba, la había secuestrado de su propia casa y la había llevado al estilo bombero a ese hotel en el centro de Budapest.

Finalmente, tendría todo lo que quería.
Todo lo que ella tenía que hacer era despertar…

Gracias a DHL :)

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